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domingo, 23 de noviembre de 2014

Crítica: Jimmy´s Hall

Ken Loach es, por excelencia, el niño mimado del festival de Cannes. Ganador de la Palma de Oro en 2006 por El viento que agita la cebada, ha competido por el máximo galardón del certamen en otras once ocasiones, más que ningún otro director. Sin embargo, las cintas que ha presentado en los últimos años están lejos de sus obras maestras. En 2012 ganó el Premio del Jurado con La parte de los ángeles, una comedia agradable, pero inofensiva. Este año, marchó de la Costa Azul de vacío tras proyectar Jimmy´s Hall, una tragicomedia social que no tiene demasiado que contar.




La cinta se basa en los episodios finales de la vida del líder comunista irlandés James Gralton. En 1932, tras pasar diez años en Nueva York, el protagonista vuelve a Irlanda para cuidar de su madre. Será entonces cuando reabra un local de baile en el que también se ofrece educación gratuita y se debate sobre política y arte. Evidentemente, la iniciativa no contentará a la Iglesia Católica.

Sin duda, la premisa sirve a Loach para denunciar, una vez más, las injusticias sociales y la influencia de la religión en la vida de los ciudadanos. No obstante, el discurso de la película resulta demasiado plano y superficial, totalmente maniqueo. Y es que en Jimmy´s Hall, los obreros son un colmado de virtudes y el clero, una pandilla de demonios. Nada más lejos de la realidad, más gris que blanca o negra. En consecuencia, un planteamiento tan simplista transmite la sensación de que el director no tiene nada que contar o aportar, ni al séptimo arte, ni al debate público. Tampoco funciona el tono tragicómico de la cinta, que genera distancia entre la historia y el espectador. Así, este último se sume progresivamente en la indiferencia. 

La película solo cobra vida en el tercio final, a partir de la escena en la que el protagonista pronuncia un discurso sobre los desahucios y la crisis de 1929 que no es sino una crítica a la situación socioeconómica de Europa desde el año 2008. Es entonces cuando la profundidad y el ritmo de la narración, echadas en falta durante una larga hora, hacen su aparición.

Por otro lado, cabe destacar la labor de todos los actores, que ofrecen composiciones muy naturales y realistas. Asimismo, la puesta en escena se caracteriza por su sencillez y eficacia. Pero Jimmy´s Hall necesitaba más, necesitaba intensidad, necesitaba sustancia. En definitiva, un discurso más elaborado.